Ayer, como de costumbre, salí a comer con mi amigo Wasim --fuimos a un restaurante turco donde venden un exquisito Börek. Hace ya algunos días que no tenemos mucho tema de plática --algo que no es tan malo como pudiera sonar; por el contrario, disfruto mucho algunos momentos de calma y, si los puedo compartir con una amistad, mucho más.
En fin, ya terminando de comer, después de hablar de uno o dos temas vanales y cortos, le pedí la cuenta a la mesera (que estaba de muy buen humor) y nos dispusimos a pagar. Ahora viene lo interesante, entre tanta trivialidad la mesera le sonrió a Wasim --cabe notar que Wasim no sólo es musulmán, pero es uno de los pocos que trata, sinceramente, de llevar bien su religión y ser buena persona--, y yo, como es de esperarse (los que me conocen lo ratificarán), no tardé en empezar a molestarlo... "Heeey, estaba coqueteando contigo, eh!!!", a lo que él me respondió, entre sonrisas que revelaban un poco de su sonrojo a pesar de la piel morena, "No". Por supuesto, yo no me pude mantener callado y respondí: "Ah!, Entonces tú estabas coqueteando con ella!!... tztztztzt, muy mal señor Sattar, muy mal..."; y entre broma y broma, se murió el chiste poco a poco y seguimos con nuestras vidas normales...

No, no se murió por completo, después --como siempre me sucede, parece que me es completamente inevitable tener que darle vueltas a todo lo que pasa en mis días--, recordando lo ocurrido en la tarde y platicándolo con mi novia, ligué el recuerdo con otro, del mismo día...
Un poco antes de la hora de la comida, cuando yo llegaba a la oficina, se me ocurrió exclamar: "Ahhh, cómo me gusta el verano en Alemania... Es como si todas las mujeres bonitas, alérgicas al frío, salieran a recordarnos de qué estamos realmente hechos", a lo que Wasim me respondió que no debería verlas, porque cuando las empiezo a ver, empiezo a desear que sean mías. Lo pensé un segundo y dije "No, es como ver flores! Yo puedo ver una flor y, al saber que no me pertenece o no me toca, dejarla en su lugar".

Y es así, yo prefiero ser sincero conmigo mismo y aceptar que me gusta ver otras mujeres --así como tantos otros pensamientos que pudieran parecer completamente pervertidos--, porque sólo así logro conocerme a mí mismo, lo que pienso, lo que hago, lo que deseo y de lo que soy capaz. También así puedo elegir. Si reconzco y acepto todos mis pensamientos (sin discriminar), entonces puedo, concientemente, escoger cuáles materializar y cuáles no. De otro modo, una mente que sólo le cierra la puerta a todos los pensamientos que considera peligrosos, es deshonesta, desleal y, sobretodo, impredecible --todos hemos oído algo como: "esque no era yo, te lo juro que no sé qué me pasó, yo nunca hubiera creído que soy capaz de hacer algo así".

En fin, insisto, yo prefiero ser sincero conmigo mismo --como escribiera Herman Hesse (indirectamente) en Demian: "En el mundo no sólo hay bien, también hay mal. Y tenemos que aceptarlos a ambos"--, y si pienso que yo soy parte del mundo, su creador y su creación al mismo tiempo, El Motor Inmóvil, entonces yo no tengo refugio, yo soy creador de bien y creador de mal, negarlo sería la mentira más grande...

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