Amigos... Para siempre (2)

'Ok checa: mejor soy una buena persona, sigo bien mi religión, doy limosna, respeto los rituales que me han sido enseñados desde pequeño y doy gracias a Dios por todo lo que me da. Así, si al final de todo tú tienes razón y Dios no existe, yo fui una buena persona toda mi vida y eso está bien. Por el otro lado, si yo tengo razón y Dios sí existe, entonces llevo las de ganar porque he sido una buena persona y he creído en él.'

Estaban en un Vips, a la hora de la comida. Ambos trabajaban en la misma zona y aquel restaurante les quedaba muy cerca. El tema salió porque Ricardo, harto de ver noticias de otro grupo religioso causando caos en tal o cual país, le dijo a Sabino que en realidad no es necesario tener una religión para ser buena persona.
---'Mírame a mí, soy ateo y no por eso soy una mala persona, en cambio ve a estos cuates, matándose entre ellos porque no pueden compartir la tierra en la que viven. Que si a unos se las prometió "Dios" hace no sé cuántos mil años; que si los otros estaban ahí primero y su "Dios" es el verdadero...'.

Sabino, no sabiendo qué decir de eso, argumentó por qué es mejor ser religioso y Ricardo se quedó pensativo. Pasaron algunos momentos de silencio, a una mesera se le cayó un cenicero algunos metros más allá y ambos seguían concentrados en sus pensamientos. Ricardo no podía creer lo que acababa de escuchar. Había escuchado muchas razones que soportan el ser religioso y la idea de que existe un dios arriba de todo; y de entre todas ellas, esa razón era la más débil. La que él consideraba la más tonta, pues le parecía cobarde; se traducía muy fácilmente en: "yo soy buena persona porque tengo miedo de que sí exista Dios. Pero si alguien me pudiera demostrar 100% que no existe, entonces yo sería quien soy realmente y escogería qué hacer con mi vida". Sin embargo, la discusión no siguió y, terminando el postre, ambos se pidieron un café y platicaron de sus trabajos y sus familias.

Ricardo no era una persona fácil. Independientemente de sus ideas religiosas, él era demasiado sincero, rayaba en la imprudencia la mayor parte del tiempo. Ésta característica le trajo fuertes problemas más de una vez y mucha gente prefería evitarlo porque la dosis de franqueza era, a veces, demasiado fuerte.

Sabino era, sin embargo, una persona paciente y sensata, y la sinceridad de Ricardo no era tan cortante una vez que uno se acostumbraba. A pesar de sus discusiones sobre religión, ellos solían concordar en la mayor parte de sus principios y eso ayudaba a que su amistad no se perturbara a causa de las diferentes tendencias espirituales.

En realidad, ambos disfrutaban de sus discusiones, sobretodo mientras jugaban billar los viernes después del trabajo. De hecho, una de sus más avivadas luchas espirituales tomó lugar ahí, mientras jugaban bola 8.

0 comments: