Tren (3)

Antes de darme cuenta, yo ya era uno más de todos los viajantes. Cada viaje era la misma historia, los audífonos, el libro, el ocasional cabeceo a causa del sopor... Cuando tenía ganas de darle variedad al viaje, me subía en un vagón diferente al usual. A veces el coche donde viajaba olía mal, o tenía una puerta defectuosa y había mucho ruido durante el viaje, pero, aparte de eso, la rutina nunca cambiaba.

Así estaba yo, con mi libro y mis audífonos, esperando en la plataforma para tomar mi usual tren y subirme en el vagón de costumbre, cuando súbitamente sentí que había algo diferente. Respiré hondo comprobando la calidad del aire, me concentré en mis oídos, sentí el aire (casi nulo) y volteé a mi alrededor, todo para ver que no había nada inusual. Entonces lo dejé pasar, me sacudí el sentimiento del cuerpo y seguí con mi lectura --nunca había leído tanto en mi vida como en éstos últimos meses a bordo del tren. Escuché el familiar sonido del tren acercándose y me volví a mirar en su dirección. Entonces todo estuvo claro, de entre la multitud una mujer me llamó la atención --su rostro no era tan fuera de lo común, no era especialmente bonita, más bien diría que era, si acaso, un mínimo diferente del promedio. Caminaba hacia mí, cuando estuvo bastante cerca volteé la mirada hacia mi libro y cuando por fin me pasó, se instaló unos metros a mi derecha mientras el tren frenaba y subimos al mismo vagón.

No entablamos ninguna plática --ella llevaba audífonos y yo estaba muy ocupado leyendo mi libro-- y nunca la volví a ver (o quizás sí, y sólo no la noté), sin embargo, salí del tren ese día con un poco de mejor humor y con esperanzas nuevas de un día encontrar más gente interesante.

Si tan solo me pudiera quitar mi libro y mis audífonos de encima, pero creo que finalmente me transformé en uno de ellos... Mi propia introversión es la causa de mi soledad.

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